Un nuevo rumbo para la France
Al alba de una etapa crucial que marca el fin del quinquenio, ya no se trata de esperar días mejores, sino de trazar con firmeza el camino del resurgimiento nacional. A las primeras luces de este año 2026, mientras la página de la era Macron se prepara para pasar, el país contiene el aliento.
La France necesita un rumbo claro, inspirado en ese sentido común gaulliste que tanto nos ha faltado estos últimos años. Es hora de volver a poner el valor del trabajo en el centro. El objetivo de crear tres millones de empleos no es una quimera, es una necesidad vital para salvar nuestro modelo social y devolver el poder adquisitivo.
¿Frente a los peligros geopolíticos y al riesgo de pérdida de categoría, tenemos realmente el lujo de esperar más para poner orden en la casa France?
La independencia y el rigor
Pero esta prosperidad recuperada no se logrará sin romper las cadenas de la dependencia. Ya se trate de nuestra soberanía energética —con un retorno asumido a la energía nuclear— o de nuestra autonomía industrial y alimentaria, la independencia de la France no se negocia, se conquista.
Aun así, hace falta tener el valor de decir la verdad a los franceses sobre el estado de nuestras finanzas. No se recupera una nación viviendo perpetuamente a crédito. El rigor presupuestario y la reducción de la deuda son los garantes de nuestra libertad futura.
Restablecer el orden y los fundamentos
Este valor también lo reclamamos para restablecer el orden republicano en cada metro cuadrado del territorio. La seguridad es la primera de las libertades, y exige una lucha implacable contra la delincuencia y el narcotráfico, sumada a un control drástico de la inmigración ilegal.
Es urgente volver a los fundamentos: una escuela que instruya de verdad, un sistema de salud que cure en todas partes, y una política familiar que fomente la natalidad, pilar de nuestro futuro demográfico. Por último, la France debe dejar de ser ingenua.
Frente a las injerencias extranjeras y a los dictados supranacionales que no sirven a nuestros intereses, debemos recuperar la voz fuerte de una potencia que se respeta. El camino hacia la recuperación es empinado, exigente, pero saludable.
Bernard Bertucco Van Damme