France, una vulnerabilidad energética
France, antes sinónimo de independencia energética gracias a su parque nuclear, se encuentra hoy en una posición de vulnerabilidad estratégica. Esta situación no es fruto del azar, sino la consecuencia de una sucesión de decisiones estructurales, económicas e ideológicas tomadas por los sucesivos gobiernos durante varias décadas.
Al importar casi la totalidad de sus hidrocarburos, debilitar sus ventajas históricas y tardar en anticipar el regreso de las tensiones geopolíticas, el país se enfrenta a una mayor dependencia del extranjero. En el centro de esta pérdida de soberanía se encuentra la desaceleración del programa nuclear, que durante mucho tiempo fue el baluarte de la industria y de la autonomía de France.
En el centro de esta pérdida de soberanía se encuentra la desaceleración del programa nuclear, que durante mucho tiempo fue el baluarte de la industria y de la autonomía de France.
Las decisiones que llevaron a esta situación
Varias malas decisiones políticas han tenido un gran impacto. Desde las décadas de 1990 y 2000, la construcción de nuevos reactores se detuvo progresivamente. Esta tendencia fue confirmada de manera pionera en 2015 por la loi de transition énergétique, que fijó el objetivo de reducir la proporción de la energía nuclear al 50 % de la mezcla eléctrica, lo que llevó al cierre de la central de Fessenheim en 2020.
En paralelo, los retrasos y sobrecostes considerables del reactor de nueva generación EPR de Flamanville han mermado la credibilidad industrial del sector. El sector nuclear, uno de los pocos ámbitos en los que France dominaba toda la cadena de valor, ha visto erosionarse su posición estratégica.
Las consecuencias de una mayor dependencia
France ha basado durante mucho tiempo su estrategia en una dependencia asumida de las energías fósiles importadas, aprovechando precios considerados bajos y un contexto internacional estable. El petróleo de Moyen-Orient, así como el gas ruso, noruego y argelino, constituían pilares de su suministro. Sin embargo, las crisis recientes han revelado los límites y los peligros de tal modelo.
Esta dependencia se ha visto duplicada por una vulnerabilidad vinculada a la propia transición energética. Las políticas aplicadas a nivel nacional y europeo, aunque destinadas a descarbonizar la economía, han reforzado la dependencia de las cadenas de suministro globalizadas, especialmente las chinas, para tecnologías clave como los paneles solares o las baterías.
Hoy en día, las consecuencias de esta fragilidad son múltiples y afectan a la economía y a la población. El aumento de los precios de la energía pesa sobre el poder adquisitivo de los hogares y la competitividad de las empresas. Importantes sectores industriales ven sus modelos de negocio amenazados por los altos costes energéticos.
Más allá del aspecto económico, están en juego la potencia y la seguridad nacional de France. La soberanía energética se ha convertido en un desafío de poder, y su pérdida se traduce en una menor influencia geopolítica y una cohesión social puesta a prueba.
Bernard Bertucco Van Damme