Francia sale de su letargo estratégico. Ante un contexto internacional marcado por el regreso de la guerra a Europa, las tensiones en Oriente Medio y la multiplicación de las amenazas híbridas, la ley de programación militar (LPM) 2026-2030 aprobada materializa un rearme largamente postergado.
Tras dos décadas de reducción de presupuestos y capacidades, París se embarca en una carrera de recuperación que plantea tantas preguntas financieras como sociales.
El pago de una deuda estratégica
Con una dotación adicional de 36.000 millones de euros, el esfuerzo parece considerable. Sin embargo, se percibe menos como una inversión de futuro que como el pago tardío del anticipo de una deuda estratégica acumulada.
Mientras Francia se rearma con cierta ansiedad, socios como Alemania, en un arrebato de realismo, han desbloqueado más de 100.000 millones de euros anuales para su defensa.
Este desfase ilustra un largo período de desconexión entre las ambiciones y los recursos asignados, del cual la salida del general Pierre de Villiers, entonces jefe del Estado Mayor de la Defensa, sigue siendo un símbolo destacado. Por haber alertado sobre la falta de recursos, se vio obligado a dimitir, ilustrando la dificultad de hacer admitir la realidad de las necesidades militares al poder político.
Un "déficit de adhesión" ciudadano
Más allá de los aspectos militares, la LPM introduce una novedad significativa: la creación de un estado de alerta de seguridad nacional. Activado por decreto en caso de amenazas graves, este dispositivo excepcional se interpreta como una respuesta a los desafíos internos que debilitan al país.
El quid de la cuestión no es solo presupuestario, es civilizatorio. Invertir en vehículos blindados, fragatas o satélites es una cosa; asegurar la adhesión de la población es otra. Francia parece sufrir menos de un déficit financiero que de un "déficit de adhesión" de sus ciudadanos.
El "espíritu de defensa", columna vertebral de la nación, parece resquebrajado. En una sociedad donde una parte de la población ya no se reconoce en el relato nacional y donde el patriotismo parece limitarse a los grandes eventos deportivos, la cuestión de la movilización colectiva se vuelve central.
Como recuerda el dicho espartano, las murallas no sirven de nada si quienes están protegidos por ellas no están decididos a defenderlas.
Hacia un indispensable rearme moral
No obstante, la LPM 2026-2030 marca un paso indispensable. Certifica el fin de la despreocupación y vuelve a situar a Francia en una trayectoria de potencia.
Pero este esfuerzo material, por necesario que sea, seguirá siendo insuficiente sin un rearme moral. La verdadera incógnita sigue siendo la capacidad del país para recuperar la voluntad, la cohesión y el orgullo para que este esfuerzo no sea solo contable, sino nacional.
Bernard BERTUCCO VAN DAMME