« En la UDH, no le vamos a vender un personaje »
Por François Cornileau, presidente y fundador de la Union des Hyèrois (UDH).

Las ciudades francesas se parecen. Todas. Más o menos.
Un centro que se vacía. Barrios periféricos donde ya nada funciona. Un ayuntamiento que hace lo que puede, entre inauguraciones y discursos sobre el patrimonio. Habitantes que bajan la mirada y se resignan.
Hyères escapó durante mucho tiempo a esta pendiente. Protegida por su atractivo solar. Las palmeras, el mar, los flamencos rosa, la luz, el mercado del sábado...
Luego llegó el aburrimiento, rastrero, taimado. Nada dramático, solo languidez. La ciudad un día se despertó cansada, de un tipo de cansancio que no se nota de inmediato.
La mayoría de las calles siguen limpias, las persianas de los comercios que no han tirado la toalla se siguen levantando, los turistas vuelven en verano. Pero detrás, como en toda Francia, la ciudad se repliega. Se duerme lentamente.

C’est dans ce silence-là qu’est née l’Union des Hyérois (UDH). Pas un parti. Pas une énième plateforme d’opinion. Juste des citoyens. Des gens qui vivent ici. Qui refusent que le mal qui ronge notre pays ne vienne accabler notre belle cité. Des gens qui ont vu les choses glisser, année après année. Et qui refusent de faire semblant. Des gens qui pensent qu’il ne faut pas avoir peur de la réalité : que de la lucidité du diagnostic viendront les vrais remèdes. À l’UDH, on ne va pas vous vendre un personnage. Il ne sourit pas tout le temps. Il n’a pas de storytelling familial à mettre sur une affiche. Il a surtout passé les dernières années à écouter, à prendre des notes, à comprendre, à s’énerver parfois, et surtout à connaître les attentes et les préoccupations de celles et ceux qui comme lui se lèvent tôt chaque matin pour gagner leur vie. Il ne vous dira pas que tout ira mieux. Il vous dira simplement ce qu’il compte faire, et ce qu’il ne fera pas. Ça paraît peu. Mais dans une époque où tout est exagéré, monté en épingle par la force vénéneuse des réseaux sociaux, ce peu devient une force. Il y a, à Hyères comme partout dans le pays, des rues qui ne sont plus réparées, des écoles qui ferment ou qui risquent de fermer, des zones commerciales tristes, des vitrines abandonnées. Il y a des gens qui ont peur d’être dehors après 20h et d’autres qui ne savent même plus à quoi sert la mairie ou qui pensent qu’elle ne sert à rien car elle ne les écoutera pas. Ce n’est pas un effondrement. C’est une lente désagrégation du pays au quotidien. Nous ne proposons pas une révolution. Nous proposons de remettre de l’ordre dans le réel.

NO TENER MIEDO DE LA REALIDAD En este silencio nació la Union des Hyérois (UDH). No es un partido. No es una enésima plataforma de opinión.
Solo ciudadanos. Gente que vive aquí. Que se niegan a que el mal que corroe nuestro país venga a abrumar a nuestra hermosa ciudad.
Gente que ha visto cómo las cosas se deterioraban, año tras año. Y que se niega a fingir. Gente que piensa que no hay que tener miedo de la realidad: que del diagnóstico lúcido vendrán los verdaderos remedios.
En la UDH, no le vamos a vender un personaje. No sonríe todo el tiempo. No tiene una narrativa familiar que poner en un cartel.
Sobre todo, ha pasado los últimos años escuchando, tomando notas, comprendiendo, indignándose por las preocupaciones de quienes, como él, se levantan temprano cada mañana para ganarse la vida. No les dirá que todo irá mejor. Simplemente les dirá lo que piensa hacer y lo que no hará.
Parece poco. Pero en una época en la que todo se exagera, magnificado por la fuerza venenosa de las redes sociales, este poco se convierte en una fuerza.
Hay, en Hyères como en todo el país, calles que ya no se reparan, escuelas que cierran o corren el riesgo de cerrar, zonas comerciales tristes, escaparates abandonados. Hay gente que tiene miedo de estar en la calle después de las 20:00 y otros que ya ni siquiera saben para qué sirve el ayuntamiento o que piensan que no sirve para nada porque no les escuchará. No es un colapso.
Es una lenta desintegración del país en el día a día.
No proponemos una revolución. Proponemos poner orden en la realidad. UNA CAMPAÑA SIN ESPECTÁCULO Pero ¿cómo hacer que vuelva a funcionar lo que debe funcionar?
Reafirmando una idea sencilla: la ciudad no es un escaparate. Es un espacio donde la gente vive, envejece, trabaja, cría hijos. Y eso es más importante que atraer a influyentes y a otros líderes políticos nacionales.
Considerando a los habitantes como adultos. No como segmentos electorales o, peor aún, obstáculos a sortear. Diciendo no cuando hay que decir no.
A ciertas operaciones inmobiliarias absurdas, a gastos de comunicación grotescos, a proyectos que no tienen ningún sentido. Estando verdaderamente presente. Físicamente.
En las calles, los barrios, las asociaciones. No solo para las fotos. No en los platós.
No en los salones.
En resumen, la filosofía de la UDH se resume en muy pocas líneas. Sin títulos rimbombantes. Hacer lo que se dice.
No gastar más de lo que se tiene. No prometer lo que no se va a hacer. Escuchar a la gente.
Incluso cuando es desagradable. Tratar a todos los barrios con la misma seriedad. Callarse cuando no se tiene nada que decir.
No olvidar nunca que estamos aquí para servir, no para existir.
Lo que proponemos va quizás a contracorriente: una campaña sin espectáculo, sin rabia fabricada, sin falsa empatía. Creemos que aún se puede hablar con franqueza. Que es posible gobernar una ciudad sin engañar a sus habitantes. Y que la democracia local es, ante todo, una cuestión de decencia.
La Union des Hyérois son ustedes. No es un eslogan. Es un hecho. Nadie aquí les dirá que tiene todas las respuestas. Pero al menos sabemos hacer las preguntas correctas. Estas preguntas no se hacen para brillar. Se hacen para actuar.
Fotos Philippe OLIVIER.