En Var, la política local sigue siendo una cuestión de cercanía
En Cuers, La Valette-du-Var, La Seyne-sur-Mer o Sanary-sur-Mer, la vida pública se construye ante todo a la vuelta de la esquina.

En las ciudades de Var, el ambiente que acompañó a la campaña no tenía nada de ostentoso. Lo que dominaba era una forma de fidelidad a lo cotidiano, un profundo apego a la política local, esa que se practica a escala humana, por representantes a los que uno se encuentra en el mercado, en el estadio, frente a la escuela. Una política que no depende tanto de los partidos como de los rostros, los gestos, las costumbres.
En el mercado de Cuers, una comerciante lo expresó de forma sencilla: «Aquí juzgamos a los representantes por lo que hacen, no por la etiqueta que llevan». Esta frase, escuchada en otros lugares bajo diferentes formas, resume la atmósfera general.

En Var, la política local es ante todo una relación entre individuos. UNA CONFIANZA QUE SE CONSTRUYE EN LOS LUGARES COTIDIANOS En las calles de La Garde, un jubilado explica que votaba «por quienes conocen los barrios, no por quienes los descubren en campaña». En La Crau, una estudiante dice apreciar «a los representantes a los que realmente vemos, no solo en los carteles».
En Ollioules, una vecina resume la situación con una sonrisa: «Nos gusta la gente de terreno. Quienes saben cómo vivimos». Estas palabras, recogidas a lo largo de los encuentros, muestran un territorio donde la política local sigue estando encarnada, casi familiar.
Los habitantes hablan de sus representantes como se habla de los vecinos: con exigencia, pero también con una forma de lealtad. En los cafés, los mercados, las salas de espera: se repite una misma idea. En La Seyne-sur-Mer, un vecino confiesa: «Queremos representantes que pasen, que miren, que escuchen.
No solo discursos». En Sanary, un restaurador destaca la importancia de la presencia: «No estamos de acuerdo en todo, pero respetamos a quienes se remangan». En Le Lavandou, un trabajador temporero aprecia «a los representantes que conocen las realidades del terreno, incluso cuando no son agradables de ver».
Estos testimonios, a veces anecdóticos, dicen sin embargo lo esencial porque en Var, la política local se percibe como un servicio, una responsabilidad, un compromiso concreto, no como un enfrentamiento partidista.
UN APEGO CASI AFECTIVO A LAS CIUDADES Y A QUIENES LAS HACEN VIVIR De Bandol a Hyères, de La Londe-les-Maures a La Farlède, los habitantes hablan de su ciudad con una forma de ternura. En Hyères, una madre de familia explica: «Queremos que nuestros hijos crezcan en una ciudad donde los representantes sean cercanos. Eso es lo que importa».
En La Londe, un jubilado añade: «Amamos nuestro municipio. Solo queremos que esté en buenas manos». Este apego, a veces discreto, a veces muy fuerte, da a la campaña un tono particular: menos político que personal, menos ideológico que cotidiano.
UNA ATMÓSFERA HECHA DE LUCIDEZ, PERO TAMBIÉN DE CONFIANZA Sí, los habitantes son exigentes. Sí, esperan respuestas concretas. Pero siguen apegados a sus representantes locales, a su capacidad para actuar, a su conocimiento del terreno.
En La Farlède, un voluntario de una asociación lo resume en una frase: «Quand on connaît les gens, on travaille mieux ensemble» (Cuando se conoce a la gente, se trabaja mejor juntos). Tal vez sea eso, el verdadero ambiente de esta campaña en Var: una política vivida como un vínculo, un diálogo, una cercanía, lejos de las divisiones nacionales.
En las ciudades de Var, la campaña de las municipales recordó una evidencia: la política local no es una cuestión de partidos, sino una cuestión de personas. Los habitantes hablan de sus representantes como hablan de su ciudad: con exigencia, con franqueza, pero también con respeto y apego. En todas partes se repite una misma idea, bajo formas diferentes: «Queremos representantes cercanos, porque la vida se juega aquí, no en otra parte».
Pierre BEGLIOMINI.