¡Cuando lo político cruza la línea roja!
El autor, católico practicante, expone su oposición a la ley de ayuda a morir, una línea roja ética y social según él.

Como católico practicante, rechazo sin rodeos la legalización de lo que se llama "ayuda a morir". Detrás de estas palabras se esconde una realidad simple: dar la muerte se convierte en una solución legal.
El mandamiento bíblico "No matarás" no es una fórmula simbólica. Es un referente fundamental, que protege cada vida, en particular la más frágil.
Una línea grave que no se debe cruzar
Se invoca la dignidad y la compasión. Pero ¿desde cuándo provocar la muerte es un acto de compasión? Una sociedad digna no elimina al que sufre, lo acompaña.
Legalizar la muerte administrada es cruzar una línea grave: aquella donde la vida deja de estar incondicionalmente protegida.
La protección de los más vulnerables
Este cambio no es teórico. Afecta en primer lugar a los más vulnerables: personas mayores, enfermas, dependientes.
Detrás de la libertad mostrada, ¿cuántos se sentirán de más? ¿Cuántos tendrán la sensación de tener que "elegir" desaparecer para no ser una carga para sus seres queridos?
El papel del médico transformado
Esta evolución también transforma la medicina. El médico ya no sería solo el que cura y alivia, sino también el que puede dar la muerte. Una transformación así altera profundamente la confianza y el sentido mismo del cuidado.
Una ligereza política indecente
En este contexto, la iniciativa del ministro de organizar una recepción en torno a esta ley es una falta grave. Que luego hable de "torpeza" o "confusión" no cambia nada: no se pone en escena, de cerca o de lejos, un texto que compromete la muerte de los más frágiles.
Este enfoque revela una ligereza preocupante, como si tal cambio pudiera ser acompañado con los códigos de una victoria política ordinaria. ¡Es indecente!
No, no se celebra la muerte. Estos temas exigen gravedad, moderación y respeto.
Otra vía es posible
Sin embargo, existe otra vía. La ley del 2 de febrero de 2016, llamada ley Leonetti-Claeys, ya permite responder a la angustia del final de la vida garantizando una mejor atención del sufrimiento y autorizando, en ciertas situaciones, una sedación profunda y continua hasta el fallecimiento. Permite acompañar sin matar.
El 8 de junio, mi madre fue acompañada gracias a esta ley. Fue rodeada, aliviada, respetada.
Quiero expresar mi profunda gratitud hacia el cuerpo médico y las enfermeras por su humanidad y su compasión. Nos mostraron lo que es un final de vida digno, una vida acompañada, hasta el final.
Max BAUER