Max Bauer: «¡Los que actúan no son los que hablan!»
Max Bauer denuncia la quiebra de la ecología política ante los incendios forestales y defiende el papel de los actores locales.

Mientras Francia se ha enfrentado a incendios devastadores, Max Bauer se levanta para criticar lo que califica de «quiebra política, ideológica y moral».
Cuestiona el enfoque de la «ecología política dominante», considerada responsable de una situación que se ha vuelto crítica en muchos territorios. Según él, décadas de políticas desconectadas de la realidad del terreno han transformado los paisajes franceses en polvorines.
«Año tras año, se han impuesto las mismas lógicas, alejadas de la realidad. Prohibiciones desconectadas, acumulación de normas, desconfianza hacia quienes viven y trabajan la tierra», afirma Max Bauer.
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El resultado de este enfoque sería inapelable.
«El resultado está ahí, espacios mal cuidados, macizos abandonados, territorios transformados en combustibles a cielo abierto», continúa.
Un homenaje a los actores del terreno
Frente a esta constatación, Max Bauer opone el discurso de los «permanentes dadores de lecciones» a la acción concreta de quienes considera los verdaderos guardianes de los territorios: los agricultores, los forestales, los cazadores y los habitantes. Denuncia una marginación de estos actores, que sin embargo son esenciales para la prevención de riesgos.
«Mientras tanto, otros actúan. Los agricultores, los forestales, los cazadores, los habitantes. Quienes conocen el terreno, quienes lo mantienen a diario, quienes desbrozan, vigilan, abren los accesos, mantienen los equilibrios», subraya.
Para él, el papel de los agricultores es crucial, ya que sus cultivos actúan como cortafuegos naturales y su presencia garantiza una vigilancia y una capacidad de intervención rápida.
«Sin ellos, sin los forestales para gestionar los macizos, sin esta presencia humana constante, los territorios se convierten en trampas listas para arder», insiste Max Bauer.
Por una comisión de investigación
Max Bauer critica severamente la actitud de los responsables políticos que, según sus palabras, «desaparecen» cuando la crisis golpea, para volver solo una vez apagadas las llamas a «comentar, juzgar, explicar. Nunca para asumir».
Pide un cambio radical de paradigma, abogando por una ecología pragmática, construida con los actores locales.
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Más allá de la urgencia, exige que se rindan cuentas y propone la creación de una «comisión de investigación seria» para analizar las decisiones tomadas e identificar las responsabilidades a todos los niveles.
Este enfoque, estima, es el único capaz de restaurar la confianza y evitar la repetición de los mismos dramas ecológicos, que aniquilan en pocas horas décadas de construcción de la biodiversidad.
«¡Hasta que, una vez más, nos sirvan la misma conclusión: responsables, pero no culpables!», concluye con amargura.
Foto SDIS du Var.